EL SISTEMA DE PAGOS PIX DE BRASIL
El sistema PIX
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El sistema PIX EL SISTEMA DE PAGOS PIX DE BRASIL El sistema Pix fue creado y es operado por el Banco Central de Brasil, tiene bajos costos operativos y la participación de bancos garantiza una amplia cobertura. Brasil y Argentina comparten trayectorias económicas marcadas por la alternancia de distintos programas económicos. Sin embargo, aun cuando ambos países atravesaron procesos de desregulación financiera comunes durante los gobiernos neoliberales, la construcción de la soberanía monetaria (entendida como la habilidad del Estado de utilizar su herramental monetario para alcanzar sus objetivos económicos) siguió trayectorias divergentes. Un ejemplo evidente de esto es que Brasil sostuvo su banco de desarrollo, el BNDEs, mientras que en Argentina el Banco Nacional de Desarrollo (BANADE) fue liquidado en el año 1993 como parte de las reformas de primera generación del gobierno de Carlos Menem. Más recientemente, una nueva política pública brasileña en relación con su sistema monetario ha pasado en gran medida desapercibida en la opinión pública argentina. Brasil se posicionó como pionero en América Latina con la creación de Pix, un sistema de pagos instantáneos diseñado y gestionado íntegramente por su Banco Central. El desarrollo de sistemas de pago digitales impulsados por los bancos centrales constituye una de las innovaciones más relevantes de los últimos años en materia de soberanía monetaria. El Banco Central de Brasil creó una infraestructura de pagos pública; esto significa que no sólo regula, sino que además es propietario y operador del sistema, administrando tanto la infraestructura de liquidación instantánea (Sistema de Pagamentos Instantâneos, SPI) como la base de datos de identificadores de cuentas (Diretório de Identificadores de Contas Transacionais, DICT). La creación de Pix ha generado amores y odios. Por un lado, Paul Krugman, premio nobel de Economía, se preguntó en una columna si Brasil ha “inventado el futuro del dinero”. Por el otro, Donald Trump declaró que la mera existencia de Pix en Brasil constituye competencia desleal para las famosas compañías estadounidenses de tarjetas de crédito y débito. Ahora bien, más allá de su uso para pagos minoristas que los turistas argentinos han utilizado masivamente en el último verano, este sistema es revolucionario en varios sentidos. Primero, por su carácter público: fue creado y es operado por el Banco Central de Brasil. Segundo, sus bajos costos: es gratuito para las personas y tiene comisiones muy reducidas para empresas y comercios (alrededor del 0,33%). Tercero, porque se estableció la participación obligatoria de los grandes bancos, lo que garantiza una amplia cobertura y efectos de red desde su implementación, reemplazando el uso del efectivo, pero también de las tarjetas. Por último, porque esta infraestructura de pagos facilitaría, en un futuro, la creación de una Central Bank Digital Currency (CBDC), una moneda digital del Banco Central, emitida y regulada por el Banco Central. Brasil, de hecho, ya avanza en esta dirección y tiene una ventaja significativa gracias a Pix. Los resultados respaldan estas afirmaciones. Según un informe elaborado por Rudrá Balmant de Moura, economista de la Universidad Federal de Río de Janeiro, al tercer trimestre de 2025 (último dato disponible), el 53% de las transacciones se realizaron vía Pix, seguido por tarjetas de débito y crédito (30%) y cobranzas como débito directo (13%). Su éxito ha sido ampliamente reconocido, incluso por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Lecciones ¿Qué lecciones podemos rescatar de esta experiencia? Por un lado, la capacidad del Estado de diseñar, planificar e implementar una infraestructura de pagos apoyada en equipos técnicos sólidos. Esto le permitió liderar el proceso, involucrando a los grandes actores del sistema financiero como condición necesaria para el éxito de la política pública. En definitiva, PIX constituye un avance en términos de soberanía monetaria. Al centralizar la infraestructura de pagos bajo la órbita del Banco Central, Brasil logró mejores condiciones para la coordinación de políticas públicas, mayor capacidad de detección temprana de situaciones de mora y de problemas de liquidez en sectores específicos y, fundamentalmente, la coordinación de las entidades financieras para el ejercicio de las funciones básicas de pago (recordemos cómo en Argentina una empresa intentó bloquear el esquema de interoperabilidad). ¿Podría Argentina avanzar en una dirección similar? Fortalecer esa dimensión podría representar un aporte concreto a la soberanía monetaria y una contribución a la tan ansiada estabilidad macroeconómica. Cecilia Allami y Marcelo Bruchanski son investigadores y docentes del Área de Economía Política (IDEI-UNGS)